
Puedo sentir el hambriento aliento que de su ser emana hacia mi frágil cuerpo, su entrecortada respiración agitada de desesperación sobre mi desnuda nuca que indistinta y primorosamente a todos acoge cuando me observan y yo les doy la espalda. En este particular caso, me giro cautelosamente para mirarlos de frente y que no se sientan, en ningún momento, de lado, ninguneados ni menospreciados.
Palpo el ansia desmesurada y desesperada sobre la tersa piel que envuelve mi cuerpo, la cual se tejió con dulzura, delicadeza e inmenso amor para protegerme de cuya descarnada y ensangrentada mandíbula rabiosa no batiente pretende mis huesos rajar y resquebrajar para su estómago colmar y sus dientes bien afilar.
Un asolador escalofrío recorre mi fina espina dorsal de principio a fin sin permitir en alguna nimia vértebra, un resquicio de piedad, para hacer acto de su cruel presencia que no de su benigna ausencia, sin embargo… no viene sola, un doble trío de ases la acompañan: sensación de ahogo, una gran falta de aire que me asfixia hasta las entrañas, infinidad de pensamientos negativos agolpados en mi cabeza colapsan mi cerebro circulando a la velocidad del vértigo al que me abocan colocándome en el ínfimo borde del precipicio desde el que estoy a punto de saltar porque no lo puedo soportar, mareos, descontrol, gritos ensordecedores que no logro arrancarle a mi garganta para no despertar a las despiadadas fieras que habitan dentro de mí porque mientras duerman, sueño una vida que no consigo en cada despertar ejecutar.
El miedo quiere paralizarme, sembrar la duda de mi valía, instaurar la inseguridad en lo que me proponga y adueñarse de mi cuerpo para que sufra las consecuencias que él me ordene si me resigno a su merced, claudico, me arrodillo ante sus pies para lavarlos y besarlos como acto de fe, entrega y sumisión.
Están en mí, habitan dentro de lo que soy, sólo que ahora no les tengo miedo porque son mis amigos, un día decidí aliarme con ellos, no para sumarme a su batalla, sino para aprender a lidiar con los mismos. Cuando hacen gala de su grandeza, lucimiento y boato, les doy la bienvenida, es más, los invito yo misma a pasar, les abro la puerta de mi guarida interior y permanecemos los dos ahí, en silencio, nos miramos a los ojos no desafiantes, sin temor ni rendición, sin indiferencia ni odio, tan solo con consciencia, aceptación y tolerancia. Me invitan a un té amargo, abrasador, infinito para hacer más larga la espera, ese al que estamos condenados a repetir cada día a las 6 de la tarde para toda la eternidad, compartiendo mantel con la Liebre, Marcera, el Sombrerero Loco, un lirón y la entrañable Alicia, todos apretados, quizás demasiado… ¡Uf! es agobiante, asfixiante el aire enrarecido que se genera al sentirnos y sentarnos tan sumamente cerca los unos de los otros, pero nadie quiere moverse, a pesar de haber dispuesto una larga y eterna mesa con floreadas teteras y tazas de auténtica porcelana fina inglesa y ante esta tesitura, dan comienzo los acertijos y encrucijadas en donde pretende sumergirme el miedo perspicaz y hábilmente con la finalidad de que me pierda, desoriente y no sepa volver sin ellos. Los siento verdaderamente cerca, puedo palpar sus colmillos afilados cerca de mi carótica palpitante, caliente y tentadora, sé que soy su presa, me quieren atacar, están al acecho para devorarme en cualquier momento mío de debilidad o distracción pero lo acepto, pues siempre permanecerán y no existe forma humana ni animal de exterminarlos. Ya no quiero salir despavorida ante su sola presencia, forman parte de mi vida, de la tuya y de la de aquel otro que finge no saberlo o prefiere mirar hacia otro lado ¡y así les va!
El miedo nunca se irá y si lo intentas aniquilar, crecerá, se hará más fuerte, se multiplicará y entonces será él el que te agarre tan fuerte del cuello, que solo te quedará darle todo lo que te pida, tu vida a cambio de la suya y, para entonces, se habrá adueñado de ella y la muerte, aquella que quisiste sortear, vendrá disfrazada de tentación para regalarte una dulce muerte lenta de la que ni serás consciente pero que acabará contigo igual y cruelmente.
Suelo acompañarlos o quizás sean ellos los que lo hacen hacia mí, en función del poder que les otorgue, hasta que se hace tarde y deciden marcharse de motu proprio. No se sabe cuándo regresarán, ni dónde, tan siquiera cómo se harán visibles, sólo sé que para entonces… volveré a estar preparada para recibirlos con los brazos no abiertos con el fin de darles su espacio, nuestro ineludible tiempo juntos y mi más sincero respeto, que no admiración, hacia ellos.
And you, are you ready?
Frase semanal:
«Un pájaro posado en un árbol nunca tiene miedo de que la rama se rompa, porque su confianza no está en la rama sino en sus propias alas»
¡Feliz semana! 😉
By Wendy
A caballo dentado no lo mires como si te lo hubieran regalado.
Gracias por tu comentario! Totalmente de acuerdo contigo, hay que saber valorar las cosas nos vengan dadas o no 🙌😉
Ana, buenas noches, al leer “Predators” me parece escuchar la palabra en castellano: ANSIEDAD
¿puede ser?.
Un beso y como siempre darte las gracias por tú lectura.
Hola Jesús, gracias por seguir aquí conmigo, incondicional, maravilloso😘
La palabra a la que hace referencia el relato es miedo, el cual puede adquirir muchas formas y disfrazarse de otras tantas.
Un besito enorme 😘