Deimos

Con solo un instante que te detengas a inspeccionar al miedo, estás perdido, pues solo vive al acecho y se alimenta de cualquier nimio resquicio tuyo de debilidad y bajada de guardia pero aún hay más… (siempre puede ser peor, ¿verdad?) no viene solo, en el fervor del estertor Phobos te presenta gustosamente a su queridísimo hermano gemelo, Deimos, cuya personificación del terror, encarna la antesala del horror, de lo grotesco y de lo monstruoso que viene a anunciar, ese cuya pronunciación convulsiona a tu cerebro, te atornilla ¡por los clavos de Cristo! tus falanges inferiores en el pétreo suelo que limita la capacidad de esparcimiento desde tus raíces hacia las profundidades terrenales provocándote una parálisis tal, que fragua tu cordura y raciocinio convirtiéndote en una figura hierática, cual si de la faraona Kefrén te trataras, pero ¡no te me seas iluso! Jajaja… no para transmitir solemnidad o divinidad, sino para mostrar la antítesis a la superioridad y marcar la distancia entre tú y cualquier otro pardillo que colocarán injustamente por encima de ti y al que, además, deberás obedecer y enmudecer. Tú, ser inerte cuyo cerebro involuciona para no darte una original solución, o mejor dicho, ninguna racional, al incapacitar a tu neocórtex activándote en modo parálisis y congelación, convirtiéndose en aliado de lo que contigo quieran hacer… sí, una gran faena sin duda… cosas del cerebro reptiliano cuya herencia genética de más de cientos de años, no vas a cambiar tú con el poder del ahora porque se conforma conque que te límites a respirar, a mantener tu temperatura corporal y a tu corazón dejar latir y no mucho más, en aras de garantizar: su cebamiento sobre tu persona, así como tu equilibrio biológico mediante una respuesta reactiva e impulsiva al precio de abocarte a un fallo en el procesamiento de la información emocional y bloquear tu raciocinio, se supone que… para protegerte cuando tu adversario es más poderoso que tú relegándote al último eslabón en la jerarquía social y de la vida sin opción a elección sumiéndote al papel de débil víctima indefensa siendo forzada a mostrar una sonrisa sumisa porque de repente resulta que te hayas en los albores de 1503 ¡en el mismísimo laboratorio de investigación artística de la florida y romántica Florencia! rodeada de un enjambre de curiosos y aplicados discípulos y aprendices expectantes ante de lo que su apreciado maestro Leonardo está haciendo gala que no es ni más ni menos que de su hegemónico sfumato que esboza magistralmente sobre su tabla de álamo aplicado al óleo cuyo encargo orquestado de mi rostro encargado debe ser en tiempo y forma entregado a la majestuosa Lisa Gherardini, esposa de Francesco del Giocondo, cuya culminación deja entrever en mi rostro, una alegoría de manifestación de un disfrute falso a pesar de mis esfuerzos postrando una sonrisa forzada “no sentida” incluyendo un 83% de felicidad junto con trazas de disgusto y temor, según los informes del sabio  Duchenne y no es para menos… Cuando eres testigo de lo que ante ti ha acontecido… ya es tarde, pues el delito contra ti ya ha sido cometido, el castigo infringido, el daño acometido, y por ende… tu alma sufrido y podrido.

Porque cuando nos reproducimos en una original versión desmejorada de nuestros ancestros tóxicos y arcaicos mediante patrones de herencia traumática, nos ponemos en contra, nos marcamos solitos nuestras propias zancadillas, pero maldecimos y cargamos contra el otro, estereotipamos nuestro caminar dando vueltas sobre nuestro inherente eje o de lo que de nosotros mal quede cual esqueje, entrando en la espiral de la mente que aquí es muerte al no permitirte verte y excusar y retrasar esa conversación incómoda contigo al estar ensimismado con tu solo ombligo sin poder levantar la vista al plano temido que te enfrenta con tu verdad porque requiere la tempestad del olaje para hacer uso de tu coraje, ese enemigo del pensamiento negativo en el que te dilúes como cuando claudicas, sucumbes, te postras y dejas llevar por el ritmo de tus pies ante el fulgor del blues que te atrapa y ante el que sientes que nada puedes hacer y te inhabilitas, excusa que te justifica y exime de la responsabilidad de hacer uso de la valentía que tanto admiramos (envidiamos) en los demás, para luego sentarla en el banquillo de los perdedores a los que nunca les llega el turno ni orando al gigante de los anillos, Saturno. Entonces, ante semejante panorama, lo de ahí afuera, se torna en una batalla campal a ver quién puede más y da igual todo el arsenal, armamento, pertrechos o  artillería pesada del que dispongas para protegerte y defenderte ante cualquier ataque, pues no se trata de sofisticar tu defensa o equipamiento ni de agudizar tu ingenio, sino de quitar las indisolubles capas que con tanto dolor se fueron superponiendo alrededor de ti hasta hacerte confundir y no llegar a saber dónde empiezas ni acabas tú, con el fin de descortezar y desprenderte de los plúmbeos lastres que no te representan, para ahondar y sumergirte en las profundidades de tu ser porque sólo ahí se hallan las respuestas a todas tus preguntas.

Aquel que haga acopio de nada y sea capaz de desprenderse de todo para quedarse tan solo consigo mismo y su humilde presencia, entenderá que, el dolor asociado a los conflictos bélicos tan arraigados en tus entrañas será sustituido por una paz inconmensurable porque en ese preciso instante habrás comprendido que las devastadoras guerras, la masiva destrucción y el profundo sufrimiento y mella que ha producido en tu ser y ante la que te has visto sometido durante años, no eran sino contra ti… Luego vendrá el dolor natural al entrar en contacto ¡por fin! con tus heridas como símbolo del inicio de la curación, de emprender el camino del autocuidado, para dejar paso, tras de sí, a la sanación radical y posterior cicatrización que simbolizará la gobernación de tu nación y la conquista de tu territorio interior y autoproclamación ulterior. Porque ahora soy YO quien decide libremente cómo, cuándo y hasta dónde, qué batallas lidiar y por ende y por la paz del mundo entero, empezando por ser el primero, pues ante mí, me venero.

By Wendy

“Combatirse a sí mismo es la guerra más difícil; vencerse a sí mismo es la victoria más bella”.

Friedrich von Logau

Reflexión semanal:

  • ¿Os habéis reconocido batallando hacia fuera cuando solo os ponían un espejo de algo que no iba bien dentro de vosotros?
  • ¿Cómo reaccionáis cuando os erigís protagonistas de los conflictos en los que os veis inmersos?

8 comentarios

  1. Al leerte pensé en la herencia traumática y en esos patrones que repetimos, casi siempre de forma inconsciente. Y en como, el pasaje hacia la toma de conciencia y la búsqueda de sanación, posibilita salir del miedo y recuperar el propio territorio psíquico.

    1. Gracias Cecilia por leerme y compartir tu sentir, ante todo. La verdad es que crucial tomar consciencia, pero es cierto que no siempre es fácil y ahí es donde aparecen todas esas resistencias en forma de personas o disparadores propios que condicionan nuestra libertad de poder elegir cómo reaccionar y desde dónde. Un abrazo.

  2. Sí. La inmovilidad mental y física que produce el miedo seguida de la rabia y la impotencia es la reacción que , en un momento dado, nos podrá servir de impulso para atravesar ese oscuro espejo y descubrirnos sin justificaciones.

    1. Gracias María Ángeles por tu gran aportación. Así es, como bien comentas, otra cosa muy distinta es atrevernos a atravesarlo. Sin duda merece la pena, pero comprendo el miedo y la parálisis, la rabia y la impotencia y… ni todo el muno puede ser capaz de identificarlo ni, en caso de poder hacerlo, saber qué hacer con ello en su propio beneficio. Un abrazo.

  3. Quedaría cortito si empiezo a escribir dándole las gracias por lo escrito.
    Podría decir que son como cápsulas de sabiduría, medicina para aquell@s que se dan el privilegio en leer.
    Un beso en el alma….
    #cadapasounasonrisa

    1. Guau Rei! Qué bonito! Millones de gracias a ti por leerme y por tus lindas palabras, me han emocionado. Me alegra saber que contribuyen a hacer un mundo mejor, al menos… de aquellos que me leen. Te mando un fuerte abrazo.

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