Phobos

Y… lo hice, aún no sé cómo, tan sólo sé que fui capaz y hoy habito la palabra y me celebro como nunca antes lo había hecho. Si tengo que ser justa conmigo misma, este es el enclave idóneo para poder hacerlo y perpetuarlo en la eternidad, porque no vale vituperarse antes las malas fechorías y no vitorearse ante las victorias, porque nadie las regala, porque requieren de un esfuerzo titánico, porque proceden de la soledad indisoluble de la valentía en donde a muerte en duelo te bates entre tú y la vida, entre una decisión u otra, aquí no media término medio y si te equivocas, fallas y si fallas, te pones al mundo en contra sin dilación ni compasión y, las agallas que cuando más necesitamos que alguien o la vida misma muestren para sacarnos del atolladero y tendernos una mano con el fin de alentarnos y ayudarnos, que jamás parece que llegan; resulta que ahora de repente sí las tienen ¡y no pocas… todas las que hagan falta! coloridas y vistosas agallas son expuestas con orgullo y altivez, se pavonean y contonean lustrosos y harto orgullosos al ritmo del estertor de la muerte para hacer de ti un ser inerte y abandonarte a su suerte. ¡Pobre desgraciada! tanto esfuerzo, para nada…

Ardua coyuntura que ante ti supura sin sutura. Y créeme, que el miedo te cala en las entrañas hasta hacerte estremecer, vapulear tu consciencia, zarandear tu raciocinio y obnubilar tus sentidos para provocarte hasta vomitarte y que de ti acabes asqueada y nauseabunda de manera que cuelga cual cartel que sobre ti ahora huelga expresando y sembrando la duda en ti, en si no habrá algo mal en tu criterio, en tu persona, en quién eres, en tu forma de ser y de hacer, haciéndote cuestionar sin cesar tu obrar y te coloca ante el abismo en el justo borde de un elevadísimo acantilado de corte abrupto en donde, en un mal paso, te juegas la vida, la tuya y la de nadie más, mientras la de los demás continúa sin ton ni son descorazonados vagando por la misma sin prisma ni carisma pues todos pretenden ser la misma, la misma persona fiel a los cánones socialmente establecidos en donde a los diferentes, se les mira enrarecidos y desvaídos y, así te abras la crisma por asumir el riesgo de querer hacerlo diferente y desmarcarte de lo estipulado que quieren hacerte creer y, aunque acabes estrellada contra el estriposo suelo con lo que queda de tu ser perecer por el asfalto esparcida, no dudes que te pasarán por alto, por bajo y por donde haga falta y hasta sorteándote dando un salto, con tal de no detenerse porque solo para otros lares, por supuesto que, sí distraerse.

Nunca olvides que ese miedo no se achanta, te insulta y provoca con su mala boca y susurra taladrándote los oídos sacrílegos escenarios terroríficos fatales en donde todos van de luto porque la vida se viste de negro anticipando tu muerte en vida para los restos tiñendo tu realidad y la de los tuyos de miseria y holocausto en donde nadie sale airoso y todas las desgracias descargan y se ceban contra tus seres más apreciados. Tú de cabecilla y responsable líder en primer y último lugar en todo lo malo que se cierne sobre ti y el karma no cobrado de toda una humanidad no cesará en su intento hasta saldarse su deuda, ahora tuya, contigo y de paso, perforar tu pleura, así que… para eso; mejor: «Quédate quietecita como estás, permanece indemne y oye… que no te quejes que ¡ni tan mal y no hagas dramas cual Julio Verne!.

Continurá…

«Las masas humanas más peligrosas son aquellas en cuyas venas ha sido inyectado el veneno del miedo…. del miedo al cambio»

Octavio Paz

Reflexión semanal: 

  • Y tú ¿de qué tienes miedo?
  • Cuando lo has sentido ante decisiones importantes ¿Cómo se te ha manifestado?
  • ¿Y cómo lo has gestionado?

By Wendy

 

 

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