Alumbramiento de una nueva vida para madre e hijo

Parir un hijo es una de las experiencias más duras y a la vez, más reconfortantes que jamás hayas vivido, y es tan dura como el inicio de esa andadura que ahora te corresponde en el papel de madre. Todas o casi todas las mujeres están preparadas “biológicamente” para ser madres, lo que no significa que psicológicamente lo estén, porque nada más lejos de la realidad, a criar a un hijo no te enseña nadie, por muy preparada que, a priori, una parezca.

Cuando llegas a casa con tu hij@ en brazos y te quedas a solas con él, la sensación es gratificante, pero a la vez, desoladora, aterradora, te miras al espejo y, parece que, de repente, te ves con un ser humano en tu regazo que tiene vida propia y del que te queda mucho que aprender para saber manejar. Desearías poder comprender su idioma, interpretar sus llantos, saber qué le ocurre en cada momento, establecer algún tipo de comunicación bidireccional, en la que el demandante y emisor pudiera expresarte lo que le ocurre, cómo se siente, con otro lenguaje muy distinto a los gritos y llantos desconsolados, impacientes y ensordecedores con los que no tiene inconveniente en mostrar cada vez que necesita algo.

Todo el mundo cree saber más que tú y no les tiembla el pulso a la hora de alardear de más sabiduría, experiencia y saber hacer en cuanto a la crianza de los niños se refiere, como si lo llevaran impregnado en la piel, adherido a su código genético, cual robot programado para cuidar hijos se tratara, con una maquinaria perfecta, con un engranaje sincronizado con su hij@ a la que no se le permiten errores porque son el culmen de la sublimidad, de la magnificencia, de la superioridad, te hacen creer que todo lo haces mal y no valoran tu enorme esfuerzo por intentar ser mejor madre cada día, cada hora, cada segundo, en cada instante cada amanecer del resto tu vida. Este tipo de personas sólo buscan regodearse de lo que aprendieron cuando también eran unos inexpertos, cosa que se niegan a admitir, porque consideran que es un signo de debilidad, cuando no se dan cuenta que mostrarse humanos, es lo más hermoso que hay en la vida, aunque sea para errar. Les encanta hacerte sentir mal y crecerse criticando y menospreciando todo tu empeño, voluntad y afán por hacerlo lo mejor que te nace. Pena de sus hijos, a los que no se les permitirá equivocarse porque supondrían una profunda decepción para ellos. Panda de amargados inseguros que se regocijan y aprovechan de padre inexpertos y recién estrenados para lucirse apagando la luz de los demás, de estos, los peores con los familiares o todos aquellos con los que más confianza tienes, ¿acaso no se dan cuenta de la situación tan delicada en la que se encuentra, especialmente la madre recién parida? Un poco de empatía, sensibilidad y tacto con las madres que acaban de dar a luz a sus hijos, no todas somos tan perfectas como vosotras.

Sigue tu propio instinto

Feliz semana!! 😉

By Wendy G. M.

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