Una vez que una pareja decide tener un hijo y no cesan en su empeño de conseguirlo, parece que te despiertas como cualquier otro día rutinario de la Marmota para tachar en tu calendario, vas al baño, te haces la prueba creyendo que volverá, tanto a salir negativa, como a venirte abajo, pues no ves el día en que tu sueño de ser madre se materialice y de repente, como si de un espejismo en mitad del desierto muerta de sed se tratara…uala!! sorpresa! vais a ser padres!! la emoción os embarga, lloráis de alegría, lo gritáis a los 4 vientos porque no se puede ser más feliz y comenzáis a planificar toda la cantidad ingente de cosas con las que os tenéis que hacer antes de que nazca y que no falte ni gloria!.
Desde ese preciso instante, sientes que hay algo diferente en ti, asumes esa responsabilidad como si hubieras nacido para ello y tu estilo de vida debe replantearse para dar el mejor cobijo a tu futuro bebé, pues todo depende de ti, quizás demasiado…
La vivencia para la mujer es algo especial y totalmente diferente a la del hombre, ellos, evidentemente han contribuido para que se produzca ese estado, pero ahí termina su papel desde el momento en el que el óvulo queda fecundado, pues es total y única responsabilidad y durante nueve eternos meses, de la madre, la verdadera protagonista y creadora de ese nuevo ser que se está gestando dentro de ella. Es la experiencia más maravillosa del mundo y es una gran suerte que se nos haya otorgado este preciado cometido sólo reservado a nosotras, pero también es una de las experiencias más duras a la que una mujer debe someterse. Nadie te explica cómo te vas a sentir, nadie te enseña a afrontar este nuevo reto, nadie puede aliviar tus molestias, no hay absolutamente nadie que pueda compartir ni aliviar tu carga, porque es algo entre tú y tu bebé, único e intransferible y no se debe banalizar con ello. Los que nos rodean a veces se quejan de que nos mostramos irascibles, que estamos demasiados sensibles, en ocasiones hasta histéricas, pero qué sabrán ellos acerca de cómo nos sentimos, de lo que sufrimos, de lo que supone. Todo debe salir bien y cada día que pasa es un reto conseguido y un ¡hurra por nosotras! pero qué angustia durante cada hora del día de esos nueve meses, es una preocupación continúa y todas las noches rezas para que todo salga bien, porque lo que es tranquila no te quedas por muchas pruebas que te hagas ni visitas al médico realices, no es hasta que le ves la carita linda a tu bebé, cuando realmente te quedas tranquila, si es que alguna vez una se queda tranquila desde que tiene un hijo, pues es una fuente de preocupación contínua.
Yo, desde aquí, solicito más apoyo psicológico, más comprensión, mayor sensibilidad y empatía, más recursos e información para hacer que las mujeres no se sientan tan solas e impotentes ante la situación de tan gran envergadura que les cierne, pues de la calidad de vida y del estado anímico de las madres, dependerá el bienestar de nuestros futuros hijos. Podemos y debemos hacerlo mejor con las madres, cuidemoslas tanto como se merecen.
Feliz semana!! 🙂
By Wendy G. M.