
Aferrarse a todo aquello a lo que uno le otorgue su amor y valor, duele y mucho.
Duele cuando lo pierdes, desde el momento exacto en el que se te escurren de entre tus manos como agua de Mayo, en el preciso instante, en el que tu más preciado tesoro se desprende de tu corazón, arrancando un pedacito de él, que se lleva consigo para volatilizarse, dejándolo magullado, un poquito más roto, aun si cabe, instaurando, desde y para entonces, recuerdos que suenan como tambores ya tan lejanos pero que retumban cercanos e incesantes en tu cabeza, taladrándote el cerebro de lo bello que en su día fue, para feo y atroz permanecer.
Procedo pues, a cortar las cadenas que me amarran a todo lo que no sea sujetarme con mis propios brazos para apreciar y tomar conciencia de que lo único que puedo poseer es mi cuerpo y mi alma, que no es poco.
Giro la cabeza 360º hasta que reencontrarme conmigo misma, que es con quien debo estar, en lugar de ir buscando desesperadamente el tesoro escondido por cielo y tierra.
Despliego esas alas que nunca supe apreciar porque su sola presencia me chirriaba, por la exigencia y esfuerzo que ella representaba, que no era otra que la de saltar al vacío, pero esta vez sin cuerdas, sujeciones ni redes de ningún tipo, dependiendo, el posible éxito del vuelo de: mi propia confianza, conocimiento, autoestima y equilibrio, o provocando, por ende, la estrepitosa caída de la mano de: dependencias, miedos, así como del no quererse ni creerse capaz de poderse.
Me dispongo a preparar con ilusión y alegría el majestuoso entierro, no sin antes, velar y despedir con infinito cariño y eterno agradecimiento hacia todo aquello que un día poseí, hice mío o me perteneció.

Recolecto primorosamente los anaranjados tagetes, plantas floreadas con cuyo luminoso color poder guiar a los difuntos por el camino del desprendimiento.
Moldeo con cariño la esponjosa masa creando curiosas formas de cráneo y de huesos para hornear el delicioso Pan Muerto.
Elaboro exquisitos Calaveras para el postre, ¡y qué nunca falten, para dejar un deleitable buen sabor de boca!.
Escribo con amor y entrega Calaveritas, es decir, versos en torno a la muerte para, posteriormente, recitar con pasión y devoción.
Organizo majestuosos pasacalles y compongo alegres y festivas melodías que acompañen a mi danzar por la vereda del camino de mi vida.
Epitafio:
¡Adiós deseoso apego, bienvenido libre desapego que despego!
Frase semanal:
«El mundo está lleno de sufrimiento. La raíz del sufrimiento es el apego a las cosas. La felicidad consiste precisamente en dejar caer el apego a todo cuanto nos rodea»
Buda Gautama
Reflexión semanal:
- Y vosotros ¿a qué os aferráis y por qué?.
- ¿Qué tenéis miedo de perder?
- ¿Habéis intentado el dejar ir alguna vez y cómo os fue?
¡Feliz semana! 😉
By Wendy
¡Muy buenas, Wendy!
¡Joh…! ¡Qué buena esta!
Un sabio y famoso personaje de ficción le decía lo siguiente a otro personaje, en este caso temeroso y dependiente:
-El miedo a la pérdida un camino hacia el lado oscuro es. El miedo lleva a la ira, la ira lleva al odio, el odio lleva al sufrimiento. El apego a los celos conduce… La negra sombra de la codicia es…-
-¿Qué debo hacer?- Le pregunta el temeroso al sabio.
-Aprender a desprenderte de aquello que precisamente perder temes- le dice el sabio.
Finalmente el poderoso pero temeroso personaje no es capaz de dejar ir a aquello que no quería perder. Es víctima de una obsesión y se aferra con apego. Una vez engañado y envuelto en el sufrimiento decide que todo lo que le rodea es su enemigo y, debido a su poder, hunde a todos en la oscuridad.
Hace poco me hicieron entender que cuando sentimos ira, esa que se transforma en odio y sufrimiento, según decía el personaje sabio al que me refería, es una reacción ante el miedo. Es MIEDO lo que tenemos. Un miedo a la pérdida. Y nos hace caer «verdaderamente» en las tinieblas. Y nos hace sacar verdaderos monstruos de nuestro interior.
Antes de mis «apegadas» experiencias no entendía realmente esta cuestión de la, para mi, tan querida saga cinematográfica que he decidido no citar expresamente aquí para que lo adivinéis jajaja.
Es increíble a tiempo pasado las «oscuridades» que han salido de mi cabeza. El dolor y el sufrimiento realmente y, por fin, y también necesariamente, sentido.
Como hemos aprendido el dolor hay que pasarlo… pero a la vez corremos el riesgo de no saber superarlo y dejar que llegue, incluso, a «robarnos la vida».
Es por eso que necesitamos familiares, amigos y amigas, o en su defecto, profesionales, que nos ayuden si no somos capaces de superarlo… pero huir del dolor tampoco es la solución.
Pasad vuestro dolor amig@s… Y tomaros el tiempo justo y necesario… Y llegado el momento si no podéis, pedid ayuda… O comprarla si no queda otra… Porque lo más importante es que se sale y se aprende.
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¡Me ha encantado, Wendy!
Ha habido frases tan certeras… La de los recuerdos que «siendo tan lejanos retumban tan cerca» (increíble de cierto) y la de «taladrándote el cerebro de lo bello que en su día fue, para feo y atroz permanecer» (tal cual)
También me ha gustado mucho la de «Despliego esas alas que nunca supe apreciar»… Aprender a apreciarse a uno mismo… Parece algo evidente. ¿Cómo no nos vamos a apreciar si somos nosotros mismos? No es tan fácil. No si nunca te explicaron nada de nada… Visto esto, me alegro de haber tenido «mi dolor» para crecer y entender…
Deseo que este blog crezca, Wendy… Ojalá consigamos que llegue a mucha gente… ¡Qué falta nos hace!
Un abrazo a tod@s!
Muy buenas Ad Mon!
Buenísima lección la de esa película.
Es normal sentir miedo de y a perder, pero es el verdadero camino a esa felicidad, que, por otro lado, tanto ansiamos, cuando aceptamos que nada ni nadie nos pertenece ni nosotros a ellos, por muy complicado que sea este proceso, que no es nada fácil, porque todo lo demás, sí que nos lleva a dependencias, deseo y dolor y te puedo asegurar, que este tipo de sufrimiento, es muchísimo peor que el de aprender a no aferrarnos a nada que no seamos nosotros mismos.
El dolor nos hace crecer, conocernos más a nosotros mismos y forma parte de la naturaleza humana, otra cosa distinta es permanecer en el dolor y hasta cogerle cariño, ésto tampoco es bueno, hay que saber reconocer cuando algo no va bien dentro de nosotros para pedir ayuda o que la gente que te quiere te lo haga ver, si estás tan metido en ese dolor que no eres capaz de verlo. Esta ausencia de perspectiva puede impedirnos, para más inri, no darnos cuenta de que esas alas siempre estuvieron ahí y no quisimos, supimos o pudimos verlas, pareciera como su, al tenetlas alojadas en nuestra espalda no existieran.
Gracias por tus bonitas palabras hacia las que yo escribo y me alegro muchísimo que mi blog te esté aportando algo.
Un beso y te espero la próxima semana 😘