Hace tiempo que dejé de creer en el amor o fue él el que dejó de apostar todo al rojo por mí, al menos aquel que va dirigido de otra persona hacia mí como pareja. Y no lo digo con pena o con nostalgia ni mucho menos anhelo o necesidad, sino tal cual es una realidad en mi vida, totalmente aséptica, sin más.
Quizás el amor sea cosa de otros a los que Cupido sí supo acertar con su flecha directa a sus entrañas y a mí, de tanto obstinarse él de motu proprio, que no el mío, que conste; no hace más que herirme y dejarme magullada en todas sus fallidas intentonas, por favor: ¡para ya, déjame en paz e insístele a otro, que me desmoronas!.
Tal vez no esté escrito en mi destino, si es que los capítulos de nuestras vidas están bordados en sus pergaminos con cobreada tinta y la mía resulta que es china.
Alomejor la vida me depara otros parajes más esplendorosos que visitar, que no son precisamente de los que invitan a pasear por entre las sendas que se dirigen hacia el sentir los latidos de ajena palpitación.
El caso es que no me cierro a él, ni encierro en mí por ello, simplemente no sucede, a pesar de haberlo intentado. Fíjate que tan siquiera he podido llegar a un conocimiento más profundo de un hombre, pues lo poco que se inició acabó con un mucho que finalizó o que peor se terció y más torció.
A veces me cerraron la puerta en mis propias narices cuando se me estaba permitida la entrada a la morada de tu corazón; cuyo choque impactante e inesperado contra la misma me devolvieron a la dura realidad, tanto como el material de la que estaba fabricada la misma que te acababas de inventar y todos los fuertes que alzaste justo detrás de ella, no vaya a ser que consiga abrirla o derribarla y tengas que hacerme frente y obligarte a darme una explicación, cuando sabes que sería mucho más fácil que todo el esfuerzo que estás invirtiendo en no dar la cara, esa que escondes detrás de todas estas defensas y ¡mira que la tienes dura y te sobra maniobra claroscura!.
Otras tantas, desaparecieron sin dejar rastro, cual asesino en serie, precisamente por las impolutas fechorías que comete y son tantas, que le permiten seguir liquidando a más de una pobre víctima y que siga girando la rueda por lo tan magníficamente bien que se le da y mejor queda.
En muchas ocasiones, me topé con increíbles prestidigitadores que me esfumaron y jamás de vuelta a mí trajeron. Sólo sé que desde entonces, me llaman Alicia, tengo el cabello platino, visto de azul con en extraño delantal blanco y me hallo tan perdida… pues en un frondoso laberinto enredoso me encuentro atrapada, desorientada y más afligida.
¿Y qué decir del fantasma de la ópera cuyo rostro deforme oculta bajo una grotesca máscara, que hace lo imposible por amarme, ensalzarme con mi arte, encumbrarme en la gloria y el éxito, con tal de retenerme y no perderme? Pues que ni actuar sabe, como farsante que es, ya que, como por méritos propios y si descubro quién realmente se esconde bajo esa artificiosa careta, es consciente de que no encandilará, me coloca ante la tesitura de tener que elegir entre dos envenenadas opciones; en donde, decida lo que decida, siempre él ganador proclamar, pues aunque forzado mi beso fuere, con tal de a mi amado salvar, victoria él cantare. ¡Menudo pendejo exultar!.
Muy valioso debe ser lo que yo ver
para intentar, de nuevo, volver a creer.
Mientras tanto, no mi tiempo más perder
entre versos que no vale la pena leer
Frase semanal:
«De la vida no quiero mucho. Quiero apenas saber que intenté todo lo que quise, tuve todo lo que pude, amé lo que valía la pena y perdí apenas lo que nunca fue mío».
Pablo Neruda
Reflexión semanal:
- ¿Qué percepción sobre el amor de pareja?
- ¿Han sido o son vuestras experiencias parecidas a las mías?
¡Feliz semana! 😉
By Wendy