Vendetta

Usaste mi vientre para sembrar la semilla del mal y hacer germinar el fruto perpetuo como garante de ti sobre mí.

Engendrar dos nuevas e inocentes vidas con las que perdurar tu rabia contra mi persona, como arma arrojadiza para cuando llegara la hora del ataque, aprovechando algún mío momento de debilidad… uf! no existen palabras que abarquen tanta maldad, sólo sé que duele y mucho.

Y… de repente: ¡Bomb! Un ruido ensordecedor atrona mis oídos acompañándolo de un show inesperado y grotesco que ante mi se presenta, cuya traición, manipulación y repulsión representa. Siento: dolor, sangre agolpada en mi cabeza, aire colapsado que no circula por mis vías aéreas, gemidos acompasados y más dolor.

Teñir de rojo tus manos al estrangular la inocencia de mis hijos, arrancarles su corazón brutalmente para trasplantarle otro diseñado a tu medida, cuyo ritmo cardíaco baila al son del odio, del resentimiento y de la crítica continua que tú les orquestas, como impecable director de esta banda en la que te eriges, por mérito propio, el cual, luces, pavoneas y restriegas con orgullo, dignos, para tu sublime opinión, de ser aplaudidos y admirados, aun cuando seas el único asistente a un espectáculo cruel, desolador, pérfido, negro, retratando la naturaleza de tu alma o así te rodees del singular séquito de palmeros ruidosos que te adulan y aúpan para estar siempre en movimiento, obligándote a no parar para no recapacitar, alzarte en sus hombros y vitorearte cual si de un torero por la puerta grande saliera y a su mejor faena se refiriera, cada vez que mi vida de tu hilo pendiera, impidiendo penetrar a la conciencia, a la razón, a la empatía, por cual resquicio de humanidad te quedara, si es que tampoco, violaras.

Trazaste este urdido plan con el que seguir sometiéndome, castigándome por no acatar tus órdenes, desobedecerte y rebelarme ante ti con valor, cara a cara, a pesar de haberme zafado de tus ansiadas, desesperadas y controladoras garras ¡por fin! pues cuanto más apreciabas que me asfixiabas, mayor eran las ganas con que me despreciabas y presionabas.

El que en odio viviere, con agonía muere

el que con rabia hiere, en veneno macere

Y ahora que soy libre:

¿Quién eres tú para juzgarme?

Me siento cansada, sin fuerzas

Enterremos las armas

¡No a más guerras!

Suplico clemencia y paz

No puedo más

Me rindo

Si no es por mí, hazlo por ellos, aquellos ante los que tanto presumes ser mejor que yo. Demuéstraselo.

Frase célebre:

«La venganza… es como una piedra que rueda, que, cuando un hombre ha obligado a una colina, volverá sobre él con mayor violencia, y romperá los huesos cuyos tendones les dio movimiento»

Jeremy Taylor

Reflexión semanal:

  • ¿Cuántos y cuántas de vosotros y vosotras os habéis sentido identificados con esta situación?
  • ¿Cómo lo habéis gestionado?

¡Feliz semana! 😉

By Wendy

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