
Abro los ojos de repente, sobresaltada y sustrayéndome, a través de una intrépida sacudida, de un mal sueño.
Observo que mi cabeza yace rodeada de un fluido maloliente y putrefacto que inunda cada uno de mis sentidos, vaciando su capacidad de reacción por omisión.
Intento salir a flote pero algo me lo impide, una ágil mano ejerce una brutal fuerza y cruel presión sobre mi nuca, sin temblarle el pulso que no tiene cuyo corazón no contiene, la cual, con una violencia implacable, es hundida por un asestado y voraz golpe, en aquel pestilente viscoso caldo que rezuma y me envuelve de nuevo y sin clemencia alguna.
Por sus feroces rugidos intuyo que es un monstruo, cuya calaña ojalá fuera una simple patraña.
Quiero hablar, gimo de dolor, suplico piedad, abro la boca pero el agua penetra por mis cuerdas vocales hasta hacerlas enmudecer.
Se adentra en lo más profundo de mis tímpanos causándome una sordera permanente.
Aún así no me rindo, emito un rugido gutural pero mi voz se ahoga en el olvido, en donde siento que me perderé, para nadie, ni yo misma, hallaré.
Ese líquido pastoso se cuela por mis orificios nasales, obturando cualquier posible entrada de aire y se cuela hasta mi cerebro para hacerlo reventar debido a la inflamación que la sangre caliente ejerce sobre las arterias de mis sienes.
Mis ojos se ahogan entre tanta putrefacción y ante el mar desbordado de lágrimas que yo misma provoco por la pena que me doy y la desolación en la que me sumo y asumo.
Puedo vislumbrar el horror a través de ellos, pues es el único sentido del que no me han privado para que retenga, con todo lujo de detalles, la tortura a la que estoy siendo sometida, como si hubiera sido la única… y por si las cosas se tuercen y tengo la suerte de salir con vida.
Para morir en ella en cuanto amanecer me despierte inerte.
Para que enloquezca y pierda la cordura.
Para que nunca olvide lo que un abominable e innombrable, ya no cualquier día, me fue capaz de hacer.
Para que quiera quitarme voluntariamente la vida cada día de más que conseguí salvarla y no pueda o no me lo permitan.
Para que el Alzheimer nunca venga a verme y mucho menos, lo haga para instaurarse, tras fortalecer este recuerdo al alba, en el crepúsculo y hasta en el ocaso, dormida, despierta, en reposo o en movimiento, anquilosándose en mi memoria, forjándolo más intenso, más aún si cabe…
Para que nada bueno me ocurra desde entonces y todo lo malo me abrace hasta asfixiarme con la única condición de mantenerme con la vida suficiente para que anhele la muerte y hacer de la tortura el leit motiv que perpetúe mi encadenamiento a la misma.
Frase semanal:
«La vida es mi tortura y la muerte será mi descanso»
William Shakespeare
¡Feliz semana! 😉
By Wendy
Qué terror !
Mucho Chuchi, angustioso y desagradable situación que padece y a la que se ve sometida.
Un beso 😘
Vuelves a deleitarnos con un desgarrador y potente texto en el que tanto das y describes. En casi su totalidad es como claustofóbico, al menos eso despierta en mí. Imaginar esa situación ahoga. La prosa es excelente. Como siempre un placer leerte 😘
Gracias Zulue, cuánto me alegra poder transmitirte y que consiga calarte lo que siente la protagonista, hacerte sentir esa angustia y sufrimiento en la que se ve sumida es una gran satisfacción para mí.
Un besito 😘