¡Chapó!

Vino, descargó y se fue.

Tal y como vino, se marchó y su paso apresuró

dejando tras de sí un rastro deplorable.

Y se quedó a gusto ¡qué digo a gusto!, ¡en la maldita gloria bendita!.

No lo pude prever, ¿o tal vez sí?…

Respuesta afirmativa que ante mí erige todas las interrogativas,

las mías propias y de nadie más.

Porque siempre estuvieron ahí, plantadas ante mí, pero las obvié.

Porque las devoré y ahora son ellas las que me engullen y destruyen.

Porque arrollé todas las señales y ahora toca abonar las costosas sanciones

por conducir bajo los efectos de no sé qué, que ¡maldita sea! me estuviera embriagando.

Porque me violé y ahora quedé preñada de bastardos vástagos de un don nadie.

Porque me sobra todo y me falta nada más por ver de mí.

Un estruendoso aplauso. Te coronaste.

¡Chapó!

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *