¿Alguien puede decirme por qué los males siempre nos acechan a los mismos? ¿Acaso nos lo estará devolviendo el karma que un día acumulamos por nuestras nefasta fechorías? ¿O será el karma bueno el que nos compensará con creces en un futuro prometedor? sea cual fuere el origen o el destino, el caso es que la vida nos vuelve a apalear y a cambiar el rumbo de nuestro destino, aún cuando lo hayas labrado a conciencia, colocando cada ladrillo con esmero, dedicación, amor y muchísimo tiempo, tesón, voluntad y entrega, un sobreesfuerzo inhumano que parece no verse recompensado nunca: jamás llegan las buenas notas y da igual lo que estudiaras, jamás llegan las vacaciones de verano para poder disfrutar de tus amigos, del sol y de la playa, de esos atardeceres saboreando un cremoso helado junto a tu hermano sentado en la roca de un espigón frente al mar, jamás llegan los despertares tardes, en demasía, para desayunar, ya bastante entrada la mañana para disfrutar de un Cola Cao bien fresquito acompañado de un suculento bocadillo de pan crujiente recién traído por tu madre de la panadería de la esquina rellenado con el delicioso y salado jamón serrano que tenían en oferta en el supermercado de tu barrio (ese que ella compra con tanto esmero para ti y no le importa hacer cola en la charcutería con tal de complacerte), porque tienes que madrugar para ir a clases de recuperación, jamás llegas a la fiesta de fin de curso de tu colegio feliz porque no tienes nada que celebrar, y ese jamás se contrapone a ese siempre tener la sensación de estar en continuo suspenso, en ese jamás que equivale a un siempre tener que estar volviendo a darlo todo para poder aprobar en Septiembre, ¡una segunda oportunidad parece!, todos la merecemos o eso dicen ¿no? esa extenuación incesante porque constantemente aparecen trabas en el camino, porque nunca llega el aprobado, y si apruebas, parece que nunca mereces más allá del suficiente, como si todo lo que invirtieras, no valiera más de un 5 justito y raspado. Los sobresalientes y las matrículas de honor siempre son para otros, que ni se los merecen, ni los valoran, así como nunca han hecho nada para conseguirlo, pues ahí los tienen, lucen orgullosos sus méritos sin tan siquiera saber por qué o hasta incluso, lo que significa ganárselo ¿habrá mayor injusticia? ¿Y de qué injusticia voy a hablar yo cuando mueren miles inocentes por diversas causas cada día, cuando millones de personas fueron torturadas por pertenecer a distintas ideologías, religiones, nacionalidades o simplemente por existir, porque parecían molestar a unos cuantos tarados? se me hace la boca pequeña por quejarme de las injusticias que me atañen cuando hay males peores siempre, cuando quien alguno de los que pululan a tu alrededor, creen conocer o parecer importarles tus miserias y se permiten el lujo de analizar tu tortuosa y compleja vida en un simple chasquido de dedos, se atreven a juzgar y a tener la poca vergüenza de considerar que: «no es para tanto», que «hay gente que está peor» y que «lo mejor está por venir» (esta última frase, de hecho, me ha acompañado en mi visión de la vida eperanzadora, siempre ha sido mi máxima) pero eso no obvia ni puede ignorar cuando las circunstancias se antojan dificultosas, cuando el camino marcado se tuerce, cuando te asaltan monstruos por el camino y tempestades que hacen de tu camino, fabricado con mucho sudor y no menos lágrimas, un auténtico laberinto del que ya no sabes cómo escapar y la salida, de repente, esa que ya vislumbrabas con alegría y esperanza, cambia de ubicación y entonces te das cuenta de que debes desandar el camino realizado para poder empezar desde otro punto de partida . Y las manos te duelen de luchar con cuanto enemigo se te presenta y el cuerpo va envejeciendo por los años que van haciendo mella en él mientras nunca te has detenido y el corazón late cada vez más lento porque está cansado de bombear sangre y vida para que otros te la vayan quitando, cada vez un poco más, para cada día tú tener menos (a similitud de esos vampiros que deambulan deseosos y avispados por las calles de todos los pueblos y ciudades de cualquier parte del mundo siempre al acecho de posibles pobres víctimas inocentes, con el único objetivo de chuparles la sangre y lo que haga falta para poder ser ellos más felices a costa tuya, engrosando su listado de confiadas e ilusas presas que han caído ante sus garras), y tu cerebro, con sus neuronas y sus conexiones neuronales, que se han visto sometidas a cuantas nuevas han tenido que crear, improvisar, inventar y reformar, se van atrofiando por no ocurrirseles otras inventivas de soluciones para poder solventar las complejidades a las que se ven sometidas incesantemente, la muerte neuronal las acecha de agotamiento puro, las funde por sobreesfuerzo, pues ya no queda conexión alguna que no se haya intentado, están todas derretidas, no hay espacio ni ocurrencia para generar nuevas neuronas ni conexiones entre ellas. ¿¡Y qué decir del ánimo!?, ese que te levanta del suelo cuando el bloqueo, la desolación, la desgana y la desesperación te visitan, esa que hace revivir a un muerto, que te seca las lágrimas cuando se da cuenta y es consciente de que no hay nadie que pueda hacerlo, cuando tira de ti en el momento en el que estás a punto de lanzarte al abismo, luchando contra la gravedad, para que esta no te atraiga hacia ella ¿dónde queda, pues éste así como la esperanza cuando has hecho más uso de ellas que un gato al agotar sus 7 vidas, cuándo has agotado todos los cartuchos de tu recámara? dicen que la esperanza es lo último que se pierde, y si ya has llegado a lo último y ahora es a la que le toca perder ¿qué es lo que ocurre a partir de entonces?.
Reflexión semanal:
¿Alguien sabría decirme qué viene después de haberlo intentando todo, después de no haber perdido nunca la sonrisa, el entusiasmo y el ánimo, hasta que un día vienen a visitarte?
De ser así ¿cómo lo habéis conseguido?
«Es peligroso aquel que no tiene nada que perder»
J. W. Goethe
Feliz semana! 🙂
Conozco a gente que no ha parado de tropezar a lo largo de su vida y sin embargo tienen una visión de la vida y de las cosas que ya la quisiera yo, teniendo la décima parte de los problemas que han tenido o tienen ellos y teniendo unas perspectivas de futuro mucho más prometedoras. Supongo que en la vida hay una mezcla de suerte más el software cerebral que nos ha tocado por las circunstancias que sea, y todo ello condiciona nuestra felicidad. Al final Buda llevaba razón cuando dijo que el deseo y el apego son las causas de nuestro sufrimiento
Ante todo, agradecerte tu participación Jose, es muy provechosa e interesante para mí. La verdad es que conocer y rodearse de este tipo de personas es siempre muy enriquecedor, las cuales nos enseñan que el valor de la vida, reside en el interior de las mismas, nos aleccionan con su actitud, fuerza y coraje, a sobrevivir, con ese gran ímpetu del que comentas, que poseen estas personas luchadoras. Yo también lo he podido ver de cerca, sentir esa fuerza interior que las mueve, capaz de afrontar cuantos problemas les acechen, en su robusta e inquebrantable voluntad de quienes pretenden doblegarla, en su energía y vitalidad para no detenerse nunca y en ese valor y coraje para hacer de cada dificultad, un reto a superar, un tocar fondo para resurgir, cual ave fenix.
Es evidente que uno puedo venir condicionado por la genética, la educacion, que haya recibido y las experiencias que haya decidido o les hayan tocado vivir, quizás sin elección, por puro azar, pero tienes toda la razón cuando afirmas que el deseo y el apego, no son ni serán nunca, nuestra fuente de motivación ni de felicidad, pues estos no emanan de aquellos y si no… preguntemosles a los que siempre parecen perder, pues son los verdaderos triunfadores, a los cuales se les rinde este pequeño homenaje.