Des(a)pego

Hay quien piensa que practicar el desapego es no tratar las personas y/o a las cosas como se merecen, dejarlas ir y no esforzarse en cuidarlas para hacer que se queden a tu lado disfrutando y saboreando de su presencia y lo que ella nos aporta, pero ¡Nada más lejos de la realidad!

Incluso si buscas la definición, lo primero que encontramos es lo siguiente:

Desapego:

nombre masculino
Falta de afecto o interés por una persona o una cosa.
«el desapego afectivo puede ser el inicio de un proceso depresivo».
¡Estoy alucinando con la definición! Menos mal que tenemos, por otro lado y gracias al Señor, al sabio de Buda Gautama que nos alecciona con esto otro:
El Desapego, también expresado como «No-apego», es el estado en el que una persona suprime su lazo de unión al deseo por las cosas, personas u objetos existentes.
Ya con esta última definición me quedo más tranquila.
Hay personas que me miran como si estuviera loca cuando les comento que intento practicar el desapego, y sí, un poco puedo decir que sí, asumo que lo estoy, pero me ayuda a sobrevivir, aparte de que un poco de locura tampoco viene nada mal, ¿no creéis? en este mundo cruel, la locura ayuda a sobrellevar la carga mejor, os lo puedo asegurar y ¿por qué no? porque también le aporta un poco de chispa a esta vida, que bastante dura y seria es a veces, que a veces ya es demasiado para lo que mi mente y mi cuerpo pueden tolerar.
Me gusta cuidar, amar y proteger aquello que tiene valor para mí.
Expreso lo que siento a las personas que significan algo en mi vida.
Intento ser agradecida y valorar todo lo que tengo y he conseguido.
Admiro y respeto a cuanto me rodea, si es que es bonito y merece la pena.
Puedo decir que practico el apego y el desapego en la misma medida, pero… ¿cómo puede ser? te preguntarás, pues es muy fácil, me implico, me esfuerzo y me vuelco con todo aquello que me merece la pena, aunque cada vez encuentro:
a) menos personas que merezcan la pena o que sean de verdad
b) más decepciones, (para mal mío)
Y lo hago sin engancharme a ellas de una manera tóxica, huyendo de dependencias, rechazando que se conviertan en una necesidad imperiosa con la que no pueda vivir y evitando atarlas en corto de forma que nos impida avanzar más lejos a ambos sea en la dirección que elijamos libremente.
Esta genuina combinación es posible desde el momento en el que tomas conciencia de que eso que tienes en este exacto y preciso momento actual puede mañana desaparecer por el motivo que sea, razón por la cual valoro, aprecio, agradezco y me esfuerzo más en darle lo mejor de mí, decirle cuánto me importa y saborearla como si no hubiera un mañana, porque quizás no lo haya.
Aceptar la pérdida antes de que se produzca y si es que lo hace, es lo más sano del mundo, así, cuando esto ocurra, no te dolerá tanto.
No intentar retener algo o a alguien que se tiene que ir, es libertad y oxígeno para ambos.
Dejar fluir al río su curso es lo natural, sino… observen a la propia naturaleza, la del mundo físico y la propia del ser humano, cómo reaccionan cuando algo se lo impide.
Ninguno es dueño de nada ni de nadie y como tal, no debemos ejercer de opresores ni de dictadores, pues no tenemos derecho a obligar a persona alguna a quedarse si desea marcharse, ni nos merecemos el desprecio de hacer permanecer a alguien que ansía desaparecer.
Este proceso no es fácil y precisa de sacrificios, renuncias, aprender a soltar y hasta perder por el camino, incluso a nosotros mismos para volver a encontrarnos. ¿O acaso las mariposas no necesitan pasar por un oscuro período de metamorfosis e introspección antes de lucir coloridas, preciosas y de alzar el vuelo, por fin, libres y liberadas?
Queremos ser felices ¿No? pues apliquemos el pensamiento lógico:
  • Premisa A: Quiero ser feliz
  • Premisa B: Felicidad = desapego

  • Conclusión: Por lo tanto, si quiero ser feliz, debo practicar el desapego = felicidad

Queda bastante claro, clarito, clarinete.

Así pues, liberémonos de las ataduras que nos sujetan y nos amarran al mundo físico y material, como presos de la cárcel que nosotros mismos hemos forjado y labrado, cuya cadena perpetua al deseo, nos hemos autoimpuesto. Prendámosle fuego con nosotros dentro habitando en su interior. Enterremos para los restos a ese «yo apegado» que ya tampoco nos pertenece. Resurjamos de esas cenizas para poder renacer y alzar el vuelo cual ave fénix, con toda su inmensa gloria, esplendorosa, libre, fortalecida y en definitiva… feliz. Feliz sin miedo a temer perder y con más ganas de querer ser, que no de necesitar ni de tener que permanecer al lado de una compañía que no sea la nuestra, la idiosincrásica, la propia y la única con la que sólo realmente contamos. A todo lo demás abrazarlo y acogerlo con alegría e ilusión, el tiempo que deseen acompañarnos durante nuestro camino, pero tomando siempre como referencia la posibilidad de que, en cualquier momento; unas veces sin previo aviso, otras en tu propia cara y sin tacto alguno, cuando menos te lo esperes, desaparecerán de la faz de tu tierra para hospedarse, quizás, en la de otro, aunque eso a ti ya no deba importarte.
¿Estás dispuesto a pagar el precio que el desapego requiere para alcanzar lo que dices que quieres?.
Frase semanal:
«Si no aprendemos a soltar, si no dejamos ir, si el apego puede más que nosotros y nos quedamos ahí atados, pegados a eso sueños, fantasías e ilusiones, el dolor crecerá sin parar y nuestra tristeza será la compañera de ruta».
Jorge Bucay
Reflexión semanal:
  • ¿Qué opináis acerca del desapego?
  • ¿Lo practicáis? En caso afirmativo ¿Qué tal os va llevándolo a cabo?
¡Feliz semana! 😉
By Wendy

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