Decidir ser padres es una tarea ardua difícil que casi todas las parejas se plantean después de superar todos los ciclos: noviazgo, convivencia, casamiento, tener hijos, aunque hay quien decide no pasar por el altar o cambiar el orden de los ciclos y me parece totalmente lícito. Suele llegar un momento en casi todas las parejas, en las que necesitan dar un paso más en la relación y engendrar un hijo «a priori» puede cumplir con las expectativas de crecimiento y unión que precisan. Parece que ha llegado el momento perfecto, la edad es la adecuada antes de que sea demasiado tarde, el ambiente de nuestros amigos en los que ya se ven envueltos en pañales y las ojeras les llegan al suelo de no poder acabar ni un ciclo de sueño por los millones de despertares a los que se ven sometidos por ese ser tan rico y regordete que engendraron con tantas ganas, las mismas que las que muestra él a la hora de reclamar, leche, cambio de pañales, compañía o, simplemente estrenar pulmones, acompaña.
Una vez tomada la decisión, el objetivo a conseguir es claro y no hay nada ni nadie que los detenga. Lo que yo me pregunto es si realmente cada uno de los miembros de la pareja se plantea las repercusiones de por vida que tiene y tendrá eternamente para ambos. Me inclino más por el no, por desgracia. Tener un hijo con cierta persona te ata de pies y manos a esa persona por ese nexo de unión indestructible, independientemente de cómo evolucione tu relación con ese otro, independientemente de que te arruine la vida, independientemente del trato que recibas por su parte e independientemente de que lo único que desees sea verlo desaparecer. Nunca sabes por dónde ni cómo te va a salir esa otra persona, ni de qué forma tu relación se transformará, ni en lo que derivará, pero de lo que sí puedes estar seguro es de que formará parte del resto de tus días, lamentablemente.
Olé por todos aquellos a los que sí les sale bien la jugada y tener un hijo les convierte en una nueva familia muy unida y felices y mucho ánimo al resto que tiene que arrastrar ese lastre de pareja que se los pone tan difícil en cuanto a las cuestiones relacionadas con su hijo se refiere y al que tiene que seguir tragándose por el bien de éste. No estáis solos.
Feliz semana!! 😉
By Wendy G. M.