Tener para perder

¿Merece la pena grabar en tu retina, retener en tu memoria y hacerle un hueco en tu corazón a todas aquellas personas que, alguna vez, aparecieron en tus vidas para luego desaparecer?.

¿Merece la pena haberlas tenido y sentido tan cerca para luego apenas divisarlas ni de lejos?.

¿Merece la pena todo lo que te dieron, te ofrecieron y te regalaron para luego arrebatártelo sin miramientos, extirpártelo de tus entrañas sin piedad, extrayendo sin anestesia alguna, no sólo todo lo lindo que, en su día te dieron, sino también toda aquella parte de ti que generosamente depositaste con tanta dulzura, delicadeza a raudales y cariño, mucho cariño, en su corazón?.

Tener para perder, perfecta rima consonante para dos palabras tan contrapuestas y que denotan en sí ¡Tanta emoción! por un lado, pero que encierran ¡Cuánto dolor! por el otro.

Ese es el dilema: arriesgarse a tener, no sin un sacrificio personal, un dar lo mejor de uno mismo, un entregarse sin reservas, un esmerarse en mimar, un regalar pedacitos de ti, de lo más profundo y mejor de tu ser, de tu alma, de tu vida, para y quizás… perder, perderlo todo y perderte a ti mientras intentas deshacer una parte de tu vida que parece ya no querer borrarse nunca, tatuando tu piel de recuerdos preciosos pero que ya suenan lejanos, marcando tu corazón eternamente de profundos arañazos por todo el amor entregado y recibido, rasgándote el alma sin piedad, arrasando por todo con cuanto se encuentra a su paso, como si de un enfurecido mar bravío dominado por un oleaje de aguas impetuosas y salvajes se tratara, quebrando tu ser en más retales de los que ya ofreciste, como si a un periódico obsoleto e inútil se asemejara, esparciéndote por el suelo, disolviendo lo que fuiste, tu esencia, en la nada más absoluta.

Porque cuando pierdes ¿Qué te queda? Lo que fue, pero ya no será, lo que tuviste pero ya no tendrás, lo que pudo ser pero ya nunca será. Y ahora dime si, después de todo este duelo que aún te queda por atravesar, si merece la pena el tener para perder.

Haber perdido por haber tenido.

Feliz semana! 😉

By Wendy

6 comentarios

  1. La vida nos da y nos arrebata cosas que muchas veces querríamos mantener. Pero la vida no es eterna, todo cuanto poseemos, material o metafóricamente puede desaparecer con la misma facilidad que una estrella fugaz surca el cielo. En ocasiones es duro, porque cuando perdemos algo no es fácil evitar sentirnos vulnerables, heridos, mutilados; pero al igual que algunas cosas se van, otras llegarán que nos aporten emociones. Creo firmemente que, únicamente cuando lo hemos perdido todo, es realmente cuando somos libres, cuando somos realmente nosotros, cuando somos tan vulnerables que incluso respirar duele. Tener para perder? Sin ninguna duda, pues aunque perdamos cosas valiosas, quién sabe apreciarse a sí mismo/a, siempre retiene ciertas cosas, o aprende qué quiere y qué no, qué es realmente importante y qué superfluo.

    1. Buenas noches Hamildaoua:
      Gracias por tu comentario, pero, en este caso, he decirte que no comparto contigo tu opinión ¿realmente crees que merece la pena el poso amargo que te queda, ese regusto agridulce que empaña todo lo bonito que fue y ya no será jamás? ese desvanecer que te marca para siempre y que se adueña de un trocito de tu persona para habitar, permanecer y no marcharse nunca, dejando una huella dolorosa, por muy hermosa que haya sido la experiencia, por mi parte, no me compensa, no a más experimentos que acaben mal y me vuelvan a hundir en la miseria. Si no van a salir bien, que se ahorren el ensayo, pero conmigo que no cuenten, una se cansa de sufrir, de pésimos finales e historias interminables. ¿Acaso no te das cuenta de que lo que te queda es dolor, sufrimiento, aflicción durante muchos muchos segundos, minutos, días, meses y quizás hasta años, de tu vida, años tormentosos, perdidos y de auténtica tortura y todo ello ¿a cambio de qué, de milésimas de felicidad?. Créeme que no está compensado. Ya está bien eso de que el dolor dignifica y esas sandeces que lo único que provocan es conmiseración de los triunfadores, aquellos a los que siempre les va bien, que se compadecen de tu desgracia para reforzar su ego y su vanagloria.
      Por otro lado ¿Podrías decirme dónde reside reside la libertad del ser humano cuando toca fondo? ¿qué libertad si está hundido, si lo han sumergido en contra de su voluntad y no le queda otra que permanecer ahí e irse al garete o intentar salir a flote y además, todo ello totalmente condicionado por el motivo que lo ha llevado a ahogarse en una alcantarilla, cual si de una rata de cloaca se tratara? ¿cómo no va a estar marcado por esa traumática experiencia, por favor? a veces queremos sacar lecciones de donde no las hay, por no querer reconocer el hecho de que, que te vaya bien de vez en cuando, que las propósitos te salgan a la primera o que las cosas se te pongan fáciles alguna vez, tampoco es tan malo ni le quita mérito. La vida es muy corta como para andar sufriendo todo el tiempo, en ocasiones, es mejor ahorrarse ciertos disgustos si uno ya sabe que algo va a acabar mal o que, simplemente ni va a acabar.
      Saludos,
      Wendy

      1. Permíteme responder por partes, pues coincido con algunas cuestiones que planteas:
        ¿realmente crees que merece la pena el poso amargo que te queda, ese regusto agridulce que empaña todo lo bonito que fue y ya no será jamás?
        Depende de cada situación. No podemos anticiparnos a si algo nos irá bien o nos irá mal; podemos arriesgarnos y ver qué pasa, algo muy respetable, o ser más precavidos y tratar de caminar sobre seguro, también muy respetable, pero nada nos garantiza que nos vaya mejor o peor con una u otra opción. A veces es cuestión de suerte, o destino, quién sabe.
        ¿Acaso no te das cuenta de que lo que te queda es dolor, sufrimiento, aflicción durante muchos muchos segundos, minutos, días, meses y quizás hasta años, de tu vida, años tormentosos, perdidos y de auténtica tortura y todo ello ¿a cambio de qué, de milésimas de felicidad?
        En ocasiones así es. A veces tomamos decisiones que nos conllevan más dolor que gloria, pero el ser humano no es perfecto. Nos cansamos de sufrir, por supuesto, de tener la sensación de equivocarnos, pero no creo que tengamos alternativa, porque la vida nos impone la toma de decisiones.
        ¿Podrías decirme dónde reside reside la libertad del ser humano cuando toca fondo? ¿Qué libertad si está hundido, si lo han sumergido en contra de su voluntad y no le queda otra que permanecer ahí e irse al garete o intentar salir a flote y además, todo ello totalmente condicionado por el motivo que lo ha llevado a ahogarse en una alcantarilla, cual si de una rata de cloaca se tratara? ¿Cómo no va a estar marcado por esa traumática experiencia, por favor?
        La libertad para decidir lo que más queremos, porque cuando ya no sientes más que dolor, cualquier otra cosa resulta beneficiosa. Es una opción dura y no creo que se elija, se impone como dices, pero o sales adelante o desapareces. Al menos yo, no veo más opción.
        Sea cual sea tu opción, tu destino o como quiera que se pueda llamar, espero que te aporte grandes cosas y más beneficio que dolor.
        Un saludo y gracias por compartir tu reflexión.

      2. Puff… Este se sale en lo literario… Pero saka mi lao más Nihilista.
        A veces, no ejj ke retengas en mente a X persona o X rekuerdo… Ejj ke por desgracia, no sólo se keda el rekuerdo en la kabeza, también el sentimiento en la patata… A veces me gustaría tener esa ‘papelera’ pa eliminar ciertos elementos ‘Psiko-sentimentales’ por lo ke en mi kaso (tampoko voy a especifikar por akí) no retengo X historia pero ahí está, dentro de mi ser, ‘okupando’ una parte ‘Psiko-sentimental’ dentro de mí, ke no la saka ni Clemente.
        Algún día ke otro al mes, tiene su parte de protagonismo y se apodera de todos mis sentidos, por lo ke se genera un odio, rabia, e impotencia en mí, ke pa mí se keda.
        ‘Perdí por tener… y no tengo pa perder’
        Y dicen ke ‘no es más feliz el ke más tiene, sinó el ke más pronto olvida’
        Kómo evitar esa sensación??… Pasan los años y he aprendío a ‘no tener’ pero no ‘a olvidar’…
        En mi kaso, tuve ke ‘tener’ por kojones, porke sin él no estaría akí.
        Yo no pedí ‘tener’ ni elegí ‘perder’… Pero sí elijo olvidar y no puedo, o no sé hacerlo. Pues el daño, esta ahí en mi interior klavao komo Jesucristo a la kruz. Ni enkuentro esa herramienta, ni tengo el «Brikonsejo» para saber ‘perder porke tuve’ ni pa saber ‘olvidar lo ke perdí’…

        1. La verdad es que ojalá tuviéramos esa papelera de la que comentas para poder deshacernos de ciertos, no sólo recuerdos dolorosos, sino también de las emociones asociadas, todo sería más fácil. El aprendizaje que de ello nos llevamos, nos hace ser quien somos ahora, pero… quizás con un poco de menos sufrimiento tampoco seríamos tan diferentes, yo, hay lecciones que no necesito volver a aprender, un poco de facilidad y simplificación para poder continuar y conseguir ciertos objetivos, se agradecería de vez en cuando, que parece que la vida siempre azota a los mismos. En fin… sea cual fuere… habrá que resignarse a pensar que nos fueron útiles estas experiencia y todo aquello que tuvimos pero que perdimos por el camino.

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