Cuando tu hij@ es pequeñ@, hay determinados momentos, en los que deseas que se vaya haciendo un poco más mayor una personita adherida las 24 horas a ti es lo más lindo del mundo, pero también lo más agotador y no por falta de amor ni de ganas, que de eso rebosamos los madres, sino porque para que no dependa tanto de ti y te de un poco de respiro, lo que desconoces es que, conforme va creciendo, se te escapa de las manos, ya no puedes controlarlo tanto y que tiene una personalidad propia que no duda en hacerla notar, en mostrarla sin reparo alguno.
Los hijos, tienen la habilidad de sacar lo mejor, pero también lo peor de ti, se quieren tanto como se sufre por ellos. Ardua es la tarea de educarlos y sacrlos adelante, no es hasta que los tienes, cuando realmente valoras y aprecias, de corazón, la gran labor que realizaron tus padres contigo y el resto de herman@s. Qué difícil nos lo ponen nuestros propios hijos y cuán complejo es el proceso de educar y ¡Ojo! ellos estarán pendientes, cual ojo avizor, para ser testigos, como si de un público paciente se tratara en una casting a la madre perfecta, de comprobar si erras, si te equivocas, haces o dices algo indebido. Con la imitación por bandera, mucho cuidado con tener un mal día, decir algún taco (se transforman en loros en cuestión de segundos) o desdecirte de algo que les prometiste, pero, por desgracia no lo pudiste conseguir para ellos y no pudo ser, porque creerán, a pie juntillas, que les mentiste y para ellos, no hay excusa que valga.
Los hijos carecen de empatía y son egoístas por nacimiento. Es muy duro darlo todo por ellos para que después ellos, quizás por su edad, que todavía son pequeños, no alcanzan a cuestionarse determinados aspectos que te hacen sentir que nunca es suficiente, que podrías hacerlo mejor o que mañana más y mejor, pues su nivel de exigencia se renueva en cada amanecer.
Cuando acaba el bendito día en el que has tenido que darlo todo en el trabajo, en la casa y con tus hij@s absolutamente sola, te invade una sensación de orgullo y superación muy dignas pero con un regusto amargo de extenuación, de por qué cuesta todo tanto, de sentir que podías haberlo hecho mejor, de que la vida podría ponértelo más fácil o te hace reflexionar acerca de en qué momento de tu devenir erraste en el camino para tener que arrastra y lidiar con todo aquello que un día decidiste, construiste y montaste para después tener que deshacerlo, pero sólo con mucho cuidado por las consecuencias que puedan afectar a esas crituritas que creaste con la persona equivocada y con la que te queda toda una vida de tener que verle esa horrible cara que te gustaría borrar del mapa, sobre todo, de tu mapa mental.
Todo el mundo cree que eres invencible y digna de admirar, pero yo solo admiro y envidio a aquellas parejas a las que le salió todo bien a la primera y no deben tirar del carro en la más absoluta soledad y de recursos escasa, esta es la prueba más dura a la que te somete la vida. A los que aún están a tiempo, reflexionad mucho acerca de con quién decidís tener hijos, pues estos son para la vida, tu pareja puede que no, mucho cuidado…
¿Me queda algo más por demostrar, alguna prueba más que superar? Seguro que sí… porque como dice la canción de Pastora Soler “Invencible soy” y si no lo soy, también, da igual.
Frase semanal:
“No sabes lo fuerte que eres hasta que ser fuerte, es tu única opción”
Sinceramente preferiría tener que ser menos fuerte, si así la vida me lo hubiera puesta mucho más fácil, que de hacerme tan fuerte a costa sólo mía y de mi desgaste personal, algún día me voy a romper.
Feliz semana!!
By Wendy G. M.