Temido 2018

Termina el año 2017, un año excesivamente duro y de muchos cambios en mi vida. Y daba visos de ir regular cuando en la mismísima Nochevieja fallecía mi padre de manera totalmente inesperada. Un año que no auguraba un buen presagio.
Cuando se acerca el final de año una hace repaso de cómo transcurrido el año, hace un balance y sueña siempre con que cada nuevo año las cosas irán mejor, las cosas se arreglarán y los problemas se solventarán, pero ¡cuán ingenua soy! que quiero engañarme a mí misma porque conforme van transcurriendo los meses, el tiempo no sólo no me da la razón, sino que me expone a situaciones cada vez más comprometidas, a obstáculos mayores y a retos cuanto menos, inalcanzables. Nunca llega ese año en el que una pueda afirmar que ha sido feliz, que la vida se lo ha puesto fácil o que algo ha mejorado. He dejado de creer en las uvas de la suerte, en llevar ropa interior roja, en introducir algo de oro en la copa de champán, en guardar una moneda en la mano derecha, en colocar una maleta en la puerta de casa para viajar mucho y en todas esas miles de supersticiones porque me han demostrado que sirvan para absolutamente nada. He dejado de creer en que este será mi año y todo va a salir bien, porque si hay lo más mínimo que pueda conseguir, no será sin mucho esfuerzo, sudor y lágrimas, como siempre y una se cansa de que todo le cueste tanto, de que la vida se lo ponga tan difícil y de tener que enfrentarse y superar problemas y más problemas, porque aunque una parezca de hierro e invencible, también se cansa, tambien se derrumba y también le flaquean las fuerzas. Hay veces donde la vida te oprime y no te deja aire ni para respirar. Veces donde una se rinde porque la vida te supera y no quiere ni puede más. ¿Qué más tengo que seguir demostrando? ¿Cuál será el siguiente desafío? porque no doy más de mí, de lecciones voy sobrada y la vida ya me ha mostrado sus peores facetas. También merezco un poco de tregua, recuperar el aliento y no tener que sacrificarme en exceso, porque cuando una se da tanto, nunca vuelve entera y eso hace mella en ti, cada vez un poco más y tengo miedo de desgastarme tanto, de dejar tanto de mí en el camino, que deje ser yo, que no me reconozca tras la tormenta porque ya no volveré a ser jamás la misma. El precio a pagar es muy alto y nada merece tanto la pena como para que yo me deje la piel en el camino, pierda mi identidad y se adueñen de una parte de mí que se tornará irrecuperable.
Sueño con poder despertarme algún día en otro cuerpo y en otra vida en donde todo sea más fácil, todo ruede y yo simplemente me deje llevar como un barco a la deriva de la sencillez y de la posibilidad de contar con más y mejores apoyos y recursos para hacer frente a la adversidad sin que nada me cueste tanto, sin rasgarme las vestiduras ni arañarme por el camino y que, sin apenas pestañear, la resolución de los problemas, fuera menos traumática para mí, menos sufrida ni sacrificada, lo agradecería tanto… aunque sólo fuera para saborearlo durante unos segundos, para saber qué se siente y para dormir más tranquila sin la angustia de pensar qué me va a exigir mañana la vida, dejar de estar siempre en alerta para saltar de nuevo al terreno de juego para seguir luchando cada vez más debilitada física y psicológicamente, aunque no me queden fuerzas. Una tregua, por favor.
Porque soñar es gratis.
Feliz Año Nuevo!! 😉
By Wendy G. M.

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