Relaciones de pareja. Parte III. Cuando la pareja se convierte en el espejo que refleja nuestra problemática interna.

Al hilo de lo que comentábamos la semana anterior, en cuanto a hallarnos en esa etapa en la que se derrumban nuestros mitos con respecto a nuestra pareja, sería algo así como la culminación de la fase de idealización y embelesamiento, dando paso a otra mucho más cruda y realista, pero a la que tampoco debemos temer. Cambia la perspectiva y la forma de relacionarnos, en donde la aceptación y la negociación, son las claves del éxito. Es, para entonces, cuando debemos tener claro si nos compensa o no la relación, al ser conscientes de que ya no es todo tan bonito ni tan perfecto como la intensidad de nuestros sentimientos nos hicieron creer en un principio.

No todo está perdido y la relación puede salir reforzada o, simplemente no salir.

Cuando eres capaz de conocer y reconocer aspectos de tu pareja que desconocías o relativizabas, comienza una nueva etapa de re-descubrimiento de la misma, así como de un conocimiento mucho más profundo; de ti y exclusivamente de ti, depende el hacer de ella un problema o abrir una negociación pacífica y de predisposición al acuerdo y al entendimiento.

Ya describimos anteriormente en el post predecesor que lo más común era el reproche contínuo, la descalificación y la exigencia, pero este tipo de elementos, entre otros, acaba por dar de bruces contra el suelo con la relación. Sin embargo, si lo que aspiramos es a  fortalecerla y abordarla desde el compromiso de seguir juntos, la empatía, la comprensión, el respeto y la fe en la relación, esta situación  se tornará en productiva y satisfactoria.

Os preguntaréis cómo es esto posible, pues lo es de la siguiente forma:

cuando divisemos esos aspectos de nuestra pareja que, de repente, nos desquician, lo primero que debemos hacer es preguntarnos qué me pasa a mí cuando esta persona es o actúa de una determinada forma, porque no olvidemos nunca, salvo casos muy concretos, el problema lo tenemos nosotros, no el otro, por más que intentemos culparlo. Es decir, ¿Qué interpreto yo con respecto a la forma de ser o actuar de nuestra pareja?: que me quiere menos, que lo hace para fastidiarme y mil síntomas más de nuestras propias inseguridades y distorsiones cognitivas que proyectamos en el otro. Es ahí donde reside  la clave y raíz de nuestro problema. No somos nadie para pedirle a la pareja que cambie porque nosotros no estemos o interpretemos las cosas; bien, no podemos descargas nuestros propios miedos, ni aspectos de nuestra personalidad no resueltos en el otro y, para colmo, exigirle que solucione algo que no va bien dentro de y en nosotros, cuando no somos capaces de hacerlo por nosotros mismos, porque, no solo no lo tiene ni lo va a hacer, sino que lo hará con más ganas o a escondidas, por no hablar de los que ceden para quedar bien o, para qué engañarnos, para no escucharnos protestar más. Será capaz hasta de convertirse en la perfecta marioneta en manos del otro pero ¡ojo! que esto sucederá exclusivamente mientras dure la función, obviando que esa persona manejable lo que está haciendo es renunciar a ser fiel a sí mismo, está dejando de ser quien es para complacerte y esto sí que es peligroso para ambos; es lo más ruin que uno puede hacerse a sí mismo, pues nunca debes renunciar a ser quien realmente eres por nada ni por nadie, le guste o no a tu pareja y creedme, que sé de lo que hablo.

Recuerda y acepta que eres único e irrepetible. El respeto empieza por uno mismo.

Frase semanal:

  • No tengas miedo de perder personas. Ten miedo de perderte intentando complacer a todos los que te rodean.

 

Feliz semana!! 😉

 

By Wendy G. M.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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