Relaciones de pareja. Parte IV. El respeto y la aceptación comienzan por uno mismo.

En el post de la semana anterior, hacíamos referencia a cómo tu propia problemática personal se acababa reflejando en la pareja, cual si de un espejo, se tratara, solo que en este caso, es más fácil descargar contra el otro, que reconocer e intentar solventar nuestros problemas, encarnando la pareja: esos miedos, inseguridades, crítica interna y esa estima (la mayoría de las veces algo baja) que nos tenemos, sea de la naturaleza que sea. Recomendábamos, igualmente, no dejar abandonarte a ti mismo para ser como el otro te exige y complacerle sin más. Esto es crucial, pues de hacerlo, esa situación te va hundiendo cada vez más hasta llegar a anularte como persona y, cuando te quieres dar cuenta, te has perdido tanto dentro de ti que ya no sabes ni quién eres. Nunca debemos caer tan bajo por nadie. Y mucho cuidado con confundirlo con el hecho de poder mejorar cada día un poco más como personas, porque no tiene absolutamente nada que ver, ni con el inmenso amor que sentimos hacia nuestra pareja por la que estaríamos dispuestos a todo.

SIEMPRE es preferible ser honestos primero con nosotros mismos y respetarnos tal cual somos, sin olvidar el interés y la motivación hacia la mejora contínua. Ofrecer siempre la mejor versión de ti mismo, esa es desde luego mi mayor máxima.

Como venía explicando, la única forma de que tu pareja te acepte y te respete sin intentar cambiar un ápice de ti, consiste en empezar por uno mismo, ya es decisión del otro el estar o no de acuerdo, permanecer o no a tu lado.

Me gustaría explicar otro tema también relacionado con el anterior, se trata de lo concerniente a un segundo punto acerca de aceptar el hecho de que tu pareja pueda hacer lo que «desee», aunque esto no sea necesariamente contigo. Lo indico entre comillas porque no es que esté abogando por el laissez faire, sino al simple hecho de que si uno era o es aficionado a algún deporte, hobbie, o le apetece encontrarse con sus amigos, ¿quiénes somos para impedírselo? (sin dar de lado a la pareja y siempre desde un punto de vista moderado) y si lo hacemos, más de lo mismo, estaremos poniendo fecha de caducidad a nuestra relación. ¿Acaso no hay nada más satisfactorio que ser testigo de que tu pareja haga cosas que le hagan inmensamente feliz aunque no sea contigo? ¿de que te vuelva a ti cargado de energía, alegría y de ganas? ¿que te elija libremente y sin ataduras cada día? ¿o será esto precisamente lo que te molesta porque… ya empezaría aquí la retahíla de «que no me dedica tiempo, entonces eso quiere decir que no me quiere, etc.?

Debemos aceptar que nuestra pareja es un persona independiente de nosotros, no un anexo a mí, que tiene vida, intereses e inquietudes, propios. Por favor, basta ya de relaciones asfixiantes, en donde no corre aire ni para poder respirarlo ni por uno mismo ni mucho menos entre ellos.

Hay siempre mucho dilema acerca del espacio personal que cada miembro de la pareja debe tener, criticamos a las parejas que hacen muchas cosas de manera independiente cada uno, pero, en la misma medida lo hacemos del que anda todo el día adherido a su pareja y no es capaz ni de ir al baño sol@, como si de una lapa se tratara, no se conciben el uno sin el otro y cuidadito si se aleja lo más mínimo porque saltan las alarmas. Pues esto es como todo, se trata de respetar, aceptar y llegar a acuerdos. Tanto la pareja independiente como la pareja «lapa» pueden ser totalmente lícitas si cada uno de sus miembros son felices en ese estado. Se trata de que si hay algo a lo que nuestra pareja le dedica tiempo que tu interpretas que te resta a ti, la cuestión es hablarlo e intentar llegar a acuerdos, en los que todos salgáis ganando y siempre de buena gana, si no hay entendimiento, entonces lo mejor es dejarlo, pues no vas a permanecer en una relación en donde a uno le duelen las cosas que el otro hace, no es sano para ninguno de los dos.

La conclusión final con respecto a cómo uno es y a lo que hace, sería la siguiente:

Si hay partes de ti por las que el otro no está dispuesto a pasar, si no acoge de buen grado todos los aspectos y facetas que hacen de ti la persona que eres, entonces, por mucho que nos duela, la solución desde luego, no es adaptar tu forma de ser a lo que tu pareja desee, más aún cuando el que tiene que cambiar o solventar sus miedos, inseguridades y partes de sí mismo no resueltas, no eres precisamente tú (si es que esto es así). Por lo que siempre es preferible dejarlo a tiempo, antes de entrar en dinámicas totalmente tóxicas y perjudiciales para la salud de nuestra alma.

Así pues y llegados a este punto, la clave es entender que quien permanece a tu lado sea, por encima de todo, porque te acepte tal y como eres, que te infunda esa libertad y confianza que te permita reflejar tu esencia verdadera, sin censuras, sin fachadas que derribar para poder acceder realmente a quien eres. No debes sentirte mal por ser de una determinada forma, por tanto, conócete a ti mismo, analiza tu relación, si estás a gusto con ella o no y, lo más importante, si te sientes libre para mostrarte en estado puro, siendo auténti@, sin dobleces. De no ser así, si tu pareja no te acepta, te critica o recrimina sin razón, sal de ahí, huye lo más lejos posible, sino quieres terminar escaldado y acabar convirtiéndote en una burda sombra de lo que un día fuiste.

Mejor íntegro aunque solo, que a medias pero acompañado.

Feliz semana!! 😉

By Wendy G. M.

 

 

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