Hay personas que no están contentas con sus vidas, se quejan hasta la extenuación y se acuestan con la misma cara de decepción con la que se levantan, vagan por la vida arrastrando los pies cual si de un encarcelado condenado a cadena perpetua con pesados y opresivos grilletes se tratara. Te contagian de su mal humor y te absorben la energía, son gente gris que te roba los colores. ¡Qué gente, por dios!! no sólo es lamentable la actitud con la que se enfrentan a la vida, sino que pretenden arrastrarte con sus miserias, como si aquí nadie no tuviera problemas y no hiciera un sobre esfuerzo por intentar sobrevivir con la mejor de las predisposiciones y humores, posibles.
A mí, me parece estupendo que cada uno decida vivir de la forma que considere y elija libremente y con la carga que le haya tocado transportar y sobrellevar. No tanto, que arremeta y robe positividad de cuantos le rodean, haciendo de la envidia y la indignación, su lema de vida. Quizás no entiendan, porque no se colocan en el lugar del otro, que esos a quienes mira con recelo, se levantan cada día con los mismos o, incluso, mayores y peores problemas que ellos, pero tienen la increíble y admirable capacidad para hacer de los mismos un reto a superar, no un lastre a arrastrar, convierten las dificultades en lecciones de aprendizaje, no se detienen ante el abismo y cogen impulso para sortearlos en cada una de las ocasiones con más ahínco y ganas ante cada salto al vacío para conseguir alcanzar la otra orilla, porque si se tiene motivación y confianza en uno mismo, al final, todo se consigue. Las barreras y los obstáculos, se encuentran en nuestra mente, en vencerlos está la clave del éxito.
Otro aspecto fundamental es no conformarse en la vida con algo o alguien que no te haga feliz. No debemos contentarnos con menos, no sirve de nada la protesta a ultranza cotidiana si no hacemos nada para cambiar ni un ápice de aquello que tanto nos perturba. Ojalá fuéramos más inteligentes, así como capaces de discernir las dos únicas vías de las que disponemos: o nos movilizamos con el mismo ahínco con el que nos quejamos para dirigirnos hacia un objetivo que deseemos conseguir, o aceptamos la situación porque no podamos o no deseemos cambiarla realmente, no hay más. Podemos seguir alimentando nuestra frustración y rabia con el primero que se nos cruce, descargar con esa persona o contagiarla de esa negatividad y pesadumbre que transpiramos, pero esto no sirve más que para envenenarte y enervarte un poquito más cada vez, hasta ir copando el vaso a rebosar del hastío, la amargura y la desesperación, sin dirigirte hacia destino alguno que no sea un callejón sin salida que conduce a la nada más absoluta y absurda.
¿Es esto realmente a lo que aspiramos en la vida?.
«El conformismo es el carcelero de la libertad y el enemigo del crecimiento»
John F. Kennedy
Feliz semana 🙂
By Wendy G. M.