Hay gente que pasa por la vida pedaleando con avidez en el borde del mar para no hundirse ni ser arrastrado por las impetuosas corrientes marinas, para no ser devorado por salvajes tiburones, para no ser atacado por hambrientas pirañas ni infectado por coloridas y bellas medusas, porque con eso, ya tienen bastante y tienen tanto que les va la vida en ello, en intentar sobrevivir sin poder aspirar a nada más.
Estas personas con tener algo que llevarse a la boca y un techo donde resguardarse, ya pueden darse con un canto en los dientes, carecen de los recursos suficientes para, una vez cubierta sus necesidades básicas, pudieran anhelar una meta que les haga sentirse realizados, que les haga celebrar una victoria, que les haga conseguir algún objetivo distinto al de comer y dormir, que les haga sentirse pletóricos y rebosantes de felicidad porque algunos de sus sueños, se hicieran realidad.
Me genera una tremenda tristeza aquellos que no consiguieron llegar a nada, imagino el sentimiento de fracaso al que deben sentirse sometidos y… quién sabe, quizás lo tuvieron todo y lo perdieron, tal vez, triunfaron en alguna faceta que los abandonó, alomejor fueron brillantes y ahora relucen pero por la falta de su esencia, por la ausencia de luz que desprenden, tanta que ya nadie repara tan siquiera en ellos porque para el resto, no existen, se han vuelto transparentes, invisibles, hasta nos desagrada la imagen que proyectan en nosotros, que nos hace agarrar nuestro bolso con fuerza, no vaya a ser que nos roben, cuando lo más probable es que sean menos sinvergüenzas que nosotros, los miramos con desprecio y asco porque nos repelen, nos sentimos superiores y nos jactamos de habérnoslo montado mejor en la vida, de haber sido lo suficientemente inteligentes como para haber jugado mucho mejor nuestras cartas, pero ¡qué frívolos somos! Pero ¿acaso esas personas son menos que el resto porque en la vida algo o alguien le jugó una mala pasada, fallaron en algo o no supieron hacerlo mejor?. Quién sabe si, algún día, acabaremos de esta guisa, crucemos los dedos… solo entonces ansiaremos no ser despreciados por nuestra situación, tal y como los hemos tratado a ellos, para ese momento, seremos capaces de sentir en nuestras propias carnes, la injusticia de la vida, el tipo de persona y las clases sociales que hemos creado, el despotismo puro y duro, la frivolidad y el normalizar el encontrarnos antes estas desgraciadas personas sin medios, eligiendo hacer la vista gorda para que no desentonen con el lindo paisaje que queremos divisar.
Probablemente, nos estaremos perdiendo a grandes maestros, exitosos escritores, originales pintores, brillantes científicos y por qué no; honorables y admirables personas que nunca destacaron por nada en especial, que jamás saldrán en los periódicos, ni en las noticias, ni en las redes sociales, ni serán mundialmente conocidos por haber obtenido mérito alguno, personas que llevan una vida sencilla, pero repleta de amor que desprenden por sus cuatro costados hacia la bonita familia que han creado, o hacia sus padres y hermanos, o hacia sí mismo con su propia soledad elegida, personas que brillan con luz propia alumbrando el camino allá por donde otros pasan. Al fin y al cabo, personas cuyo corazón late no sólo para bombear sangre y mantener sus órganos vivos mientras el cuerpo no desfallezca por falta de ingesta, sino también para seguir alimentando ese amor hacia los suyos, esa ilusión por alcanzar sus sueños y esa aspiración eterna de ser feliz cada día con más ahínco y ganas, ganas de comerse el mundo y no precisamente para solo llenar el estómago como, lamentablemente, aquellos otros.
Un poco de condescendencia y empatía, por favor, nunca se sabe…
Feliz semana! 😉
By Wendy G. M.